Princesa guajira que contemplo con intriga
por saber en dónde
se esconde el misterio de su encanto
Tal vez en el color de sus ojos
O en la pasión de sus labios candentes
O tal vez en la
tibieza de su cuerpo en la madrugada de aquel desierto ancestral que no me deja
pensar en otra cosa que abrigarme con sus brazos por una semana entera
Sus caderas heredadas de las diásporas de oriente
Siempre impregnadas
del candor de las tierras de
princesas nubias que me enloquecen, que me obnubilan, que me atrapan
Y su pecho
Su pecho, por Dios, su pecho
de matriarca de un pueblo entero
Que invita a soñar con un futuro afortunado y cierto
Y sus piernas
de palmeras del Oasis ,
que no puedes terminar de escalar aunque lo intentes
desde la madrugada más temprana
Que te invitan a
dejarte vencer por el abrazo pasional sin pensar en ninguna otra cosa que beber una y otra vez de
su fuente.
Princesa guajira que enamora
con su caminar contoneante y caprichoso
Sin decir ni una palabra
Solo con su mirar profundo
Y su pensamiento milenario
Contemplativo y
eterno .
