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domingo, 27 de octubre de 2013

Su fotografía



El había tratado de no pensar nuevamente en ella. No quería  volver a llenarse de una fantasía pueril y simplemente cerraba los ojos con fuerza. Pero la fotografía sobre su escritorio no ayudaba mucho a olvidarla .Solo mirarla le encendía la circulación, la respiración se le agitaba y deseaba salir corriendo a  abrazarla acariciarla  y cubrirla toda de besos. Distancia cruel e indolente.

Lo estremecía ver su fotografía. Aquella sonrisa eterna llena de vida y futuro, le hacía soñar despierto, soñar con un mundo de celuloide junto a ella, un universo en el que la distancia no existiera más y el mar los esperara siempre sin afán alguno. Un día sin más prisa que llegar a casa y encontrarse uno frente al otro, besarse sin mediar palabra y desnudarse mutuamente para extasiarse en un largo abrazo, profundo, ininterrumpido, perfecto.

Alzaba sus ojos mucho más lejos de la línea del horizonte .Un horizonte en el que estaban uno junto al otro .Ella recostada sobre su pecho, profundamente dormidos en una tarde perezosa. Un sueño tan tranquilo como el de un recién nacido. Un sueño más profundo que el Caribe o la fosa de las Marianas .Una tarde de domingo, perezosa como cachorra recién parida .Una tarde lenta y fría. Lenta  como ninguna. Lenta como amanecer nórdico. Lenta como los sueños verdaderos. Tan lenta como enredadera de pensamientos que se enraízan en el corazón e invaden los brazos y las piernas. Una tarde tan lenta como las lágrimas  convirtiéndose  en semillas.

Aquellos ojos sinceros, su esbelto cuerpo, su lacio y negro cabello, testimonio de su herencia guajira enmarcando una hermosa y sensual sonrisa ,solo invitaban a revivir un amor adolescente casi del todo olvidado. Mordía sus labios para no gritar su nombre por la ventana. Casi podía  sentir el aroma de  su cabello rozándole el cuello mientras abrazaba su figura menuda y los femeninos dedos recorriendo su espalda.

Guardaba en secreto aquella poderosa emoción, no la habría compartido ni siquiera con su mejor amigo y confidente, pues pensaba que solo contarlo rompería aquel  hechizo mágico que obnubilaba sus sentidos y le inspiraban a pensar en todos los medios posibles para sacarla de aquella fotografía en el patio de la abuela.